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Viajando entre Oriente y Occidente 11/09/2021

Posted by Lyud in Uncategorized.
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Cuando se trata de servir a la Virgen, no hay inconvenientes ni problemas que impidan hacerlo

Por Nikolai Ezerskii

Icono de la virgen Sedes Sapientiae

Eran las 7 y 30 de la noche del lunes 10 de setiembre cuando partía del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez rumbo a Lvov en Ucrania, para ello debíamos aterrizar en Aruba primero y luego hacer un trasbordo en Ámsterdam, después aterrizar en Kiev (Ucrania) y desde allí viajar hasta Lvov.

Desde que se inició mi viaje, supe que esta misión era importante y que debía poner lo mejor de mí para complacer a la Virgen. Ella quería visitar Piura nuevamente y desde aquí iniciar su peregrinar por tierras peruanas uniendo corazones y fortaleciendo la fe la comunidad estudiantil.

Durante el vuelo recordaba algunas experiencias de mi último viaje a Ucrania, cuando escuché al Papa dirigirse a una multitud reunida en las afueras de Kiev. El elogió a los ucranianos que sufrieron durante las décadas de persecución religiosa bajo el mandato de los comunistas: “Cuánto sufristeis en tiempos difíciles por reivindicar la libertad para profesar esta fe”, dijo.

Durante el viaje, se nos informó que el vuelo iba a ser desviado un poco de su curso normal, debido a turbulencias en el cielo del Atlántico. Para cuando llegamos, en el aeropuerto de Ámsterdam conocí la verdadera razón: Por motivos de seguridad, la tripulación del avión había desviado el vuelo hacia África al enterarse por encargo de la compañía aérea sobre el atentado terrorista contra las Torres Gemelas en New York.

La imagen que yo debía traer era el icono Santa María Sedes Sapientiae, estaba en la ciudad de Lvov y fue ofrecido por Juan Pablo II a todas las universidades del mundo, con motivo del Jubileo celebrado en Roma del 4 al 10 de setiembre del 2000.

El icono es un mosaico de mármol, cerámica y oro de un colorido deslumbrante. El rostro de la Virgen tiene un semblante bizantino, lo que refleja la finalidad con la que fue realizada: “acercar a las culturas occidental y oriental”. Su autor es el jesuita eslavo Marco Ivan Rupnic.

La ciudad de Lvov está ubicada en la parte occidental de Ucrania y tiene aproximadamente un millón de habitantes católicos. Muy cerca de ella, en otras ciudades ucranianas, hay comunidades de cristianos ortodoxos.

Lvov, fundada en el siglo XIII, es una ciudad que se caracteriza por sus catedrales barrocas, fue gobernada desde el siglo XIV por reyes polacos. Cayó bajo el dominio Austro Húngaro y tuvo en breve período de independencia tras la Primera Guerra Mundial.

En Lvov prácticamente no hay recintos ortodoxos, y según algunos parece una ciudad europea. Es considerada como el bastión de los católicos en Ucrania.

Los católicos de esta ciudad fueron incorporados obligatoriamente a la Iglesia Ortodoxa rusa en 1946 y salieron del dominio moscovita en los años del colapso de la Unión Soviética.

Desde mi arribo a Lvov, el padre Joseph Millian y el padre Ivan me apoyaron mucho. El primero es el Presidente de la Unión de Patriarcado de Juventudes de la Iglesia Greco Católica, uno de los grupos más importantes dentro de la comunidad católica de Lvov.

En una de sus conversaciones respecto al ícono, el padre Millian me dijo “… Esta obra de arte es un don muy grande puesto que significa la intención del Papa de dar al mundo del estudio, la investigación y la ciencia, un verdadero sentido cristiano. Por eso hemos dispuesto las cosas para que puedan venerarla el mayor número de universitarios y de fieles”.

La imagen estuvo en diversas universidades, institutos, colegios mayores, parroquias y otros centros de estudios, durante su estadía en Ucrania.

El padre Joseph señalaba que el icono es muy querido por la juventud del Lvov. “Muchos jóvenes, en general la gente creyente, diariamente vienen a conversar con la Virgen, a confesarse, a consultar y a pedirle perdón. Ellos la sienten muy suya”.

Por entonces, el padre Joseph ya suponía lo difícil que sería traer la imagen al Perú: “Para ti hermano, a pesar de todas las credenciales del Vaticano (que a propósito no tienes), será muy difícil recoger la imagen de la Iglesia donde está ubicada y cruzar las fronteras, pero tú fuiste escogido por la Providencia para esta misión”, me dijo el sacerdote ucraniano con un tono de aliento.

Llegué el 12 de setiembre a Lvov, en mis espaldas estaban miles de kilómetros de vuelo. En el aeropuerto me esperaba el padre Iván, muy joven, por cierto, pero con una fe indescriptible. Sin descansar, fuimos hasta la iglesia donde estaba la imagen de la Virgen y nos regocijamos viendo cómo cientos de fieles la veneraban.

El padre Iván me explicó que generalmente eran grupos de representantes los que se encargaban de trasladar la imagen de la Virgen hasta sus respectivos destinos: de San Petersburgo a Andalucía, por ejemplo, en el caso de España. En aquella oportunidad viajaron varios representantes de la Pastoral Universitaria de la Conferencia Episcopal Española.  En mi caso, Dios mediante, tuve que hacerlo solo, pero con la fe bien puesta en la Virgen.

El Padre Pazos bendijo mi viaje y me entregó en la despedida la imagen del beato Josemaría. “él te va a apoyar” -me dijo-… y tuvo razón.

El icono de la Virgen de la Sabiduría se encuentra registrado como patrimonio del Vaticano, por lo tanto, sólo un representante del mismo o alguno con permiso extendido por él puede (teóricamente) trasladar la imagen. El ingreso del icono a Ucrania se efectuó gracias a una comitiva de sacerdotes y religiosas italianas, quienes llevaron la imagen. Lamentablemente este ingreso no fue registrado en aduanas.

La comunidad católica de Lvov esta muy identificada con el ícono, lo que nos obligó a esperar alrededor de 8 horas, mientras cientos de fieles llegaban hasta la parroquia donde estaba la imagen para despedirse de ella.

Luego de esta espera, llevé el ícono hasta la habitación del hotel donde me hospedaba. Sentía una gran responsabilidad, por lo que contraté a dos miembros de una empresa de seguridad local para que resguardasen la imagen durante mi estancia.

Sin embargo, esta contratación fue difícil: en primer lugar, porque la empresa no brindaba seguridad con sólo dos efectivos, sino con cuatro, lo que excedía mi presupuesto; y, por otro lado, tuve que guardar la imagen en una caja de 23 tornillos, los mismos que se abrirían y cerrarían unas 10 veces más. La caja medía 1.50 metros de largo por 1.80 metros de ancho y pesaba 72 kg.

A las 6 de la mañana del día 13 partimos hacia el aeropuerto de Lvov, y fuimos hacia la aduana para declarar el traslado de la imagen. Allí nos pidieron documentos que reconocieran su ingreso a Ucrania, pero estos documentos no existían en ningún lado.

Entonces acudimos hasta una dependencia del Ministerio de Cultura de Ucrania, en ella encontramos una señora muy amable que nos indicó, luego de una larga conversación, que sacar una propiedad de este tipo tiene sus procedimientos y sus tiempos de ley. Sin embargo, ella nos ayudó mucho ya que nos extendió un permiso especial “por la Virgen” según dijo. Nos recomendó ir hacia Kiev y confirmar el permiso en la oficina principal del Ministerio de Cultura Ucraniano.

Luego de visar nuestro permiso, tomamos el vuelo de regreso al Perú. Ya en el aeropuerto me indicaron que llevaba 60 kilos de sobrepeso en el equipaje, lo que equivalía a USD. 2000 dólares americanos. Sólo contaba con 200 dólares en el bolsillo y mi hijo me apoyó con 100 más. Desentornillé y entornillé la caja donde venía la imagen para exhibirla de nuevo en la aduana, y pagué 300 dólares por 4 kilos de equipaje extra (tuve que renunciar a mi maleta y a mis pertenencias). En realidad, tuve suerte, sólo me quedaban 6 dólares más en el bolsillo.

Hubo otros percances más, como el trasbordo de los equipajes en Ámsterdam, donde casi se extravía la caja donde venía la imagen (los encargados de aduanas no la encontraban, y yo la hallé entre los equipajes de los demás pasajeros). Ya en Lima me recibió Marta Licetti, de la Sindicatura Eclesiástica del Arzobispado de Lima, y otra persona ligada a la universidad.

En ese momento me sentí feliz porque prácticamente había cumplido con mi misión, sin embargo, más feliz me sen ti en Piura al ver el grupo de estudiantes que acudieron al aeropuerto a recibir el icono de la Virgen. En sus rostros se reflejaba la alegría de recibir a su Santa Madre y el agradecimiento de haber sido escogidos por el Papa para ser la primera ciudad latinoamericana en recibirla.

La Virgen María y el beato Josemaría guiaron mi viaje y me ayudaron en el retorno.

Nikolai Ezerskii

Septiembre 2000